lunes, 13 de junio de 2011

Moira Millán: "Ser Mapuche es aquel que vive la tierra desde la pertenencia a ella"

  por Miriam Libertad Djeordjian

Esta entrevista fue realizada en mayo de 2004. Recogida por varios portales ecologistas e indígenas, y a pedido de varios lectores, la incluyo  hoy en Desde la hoguera.

Foto de Juana Ghersa en Página/12

Así es casi siempre. Entrevistas, llamados, encuentros, reuniones... Aprovecha cada segundo de su tiempo en la gran ciudad antes de volverse a su amenazado paraíso en la cordillera patagónica. Entre denuncias y declaraciones, también se hace un rato para resolver asuntos de la cotidianidad, como proveerse de alimentos para tener en la despensa comunitaria de Pillan Mahuiza en Chubut.  Después de unos días compartidos en el Primer Congreso de Educación Ambiental, celebrado entre el 6 y el 9 de mayo de 2004 en Embalse Río Tercero, Córdoba, Argentina, nos encontramos con Moira Millán para irnos de compras, que no de shopping , sino al barrio de Liniers, donde se pueden conseguir cereales y legumbres a granel, frescos y a muy buen precio.  ¿Y por qué no aprovechar el momento para mezclar  un poco de luchas, granos, complicidades, especias y sueños?

-Estamos con Moira Millán, "Mapuche, sexy y combativa"...
-Bueno... ¡empezamos muy mal la entrevista! 


- Traigo el título desafortunado y sexista que "Hecho en Buenos Aires" puso en tapa al publicar la entrevista que te hicieron...
 -Esa nota, en realidad la hizo una chica que está muy comprometida con la lucha mapuche o al menos eso parece. Ella estuvo viviendo en nuestra comunidad, y me pidió permiso para publicar la nota en "Hecho en Buenos Aires". Yo vivo a miles de kilómetros de Buenos Aires, a 100 kilómetros de la ciudad donde puedo acceder a una revista y enterarme de lo que pasa con las entrevistas que doy. Vivo en medio de la cordillera y me vine a enterar dos meses después que esta revista había largado como título de tapa eso de "Sexy y combativa". Me pareció una degradación de mi persona, me dolió, me ofendió, le vació sentido a la entrevista. Ya de entrada la tapa lo que hace fue frivolizar algo que es muy profundo y trascendente. Y además quiero que alguien me explique lo que es ser sexy, porque no lo termino de entender. Creo que se trata de cosificar a las mujeres y convertirlas en un producto vendible en las estanterías del mercado. Y una, justamente lucha por destruir ese estereotipo, y más desde la tierra y desde mi identidad como mujer mapuche. Para mí es repudiable la tapa de esa revista. Espero que los buenos lectores hayan sabido discernir entre la tapa y el contenido de la nota. 


-¿Como es hoy en día ser mapuche?
-Mapuche significa "gente de la tierra" y ser mapuche es ser parte, pertenecer a la tierra. Y a partir de ello se desarrolla el pensamiento filosófico de nuestro pueblo, esa relación armónica y comunitaria con la naturaleza. La palabra mapufungun, en el habla de la tierra, significa todo el vínculo comunitario que no se extiende sólo a la familia, sino también al árbol, al río, a la montaña, porque ellos son parte de la comunidad, son elementos con los que se convive, que serían nehuenes, fuerzas, y el mapuche es una fuerza más. Entonces, ser mapuche es aquel vive la tierra desde la pertenencia a ella. Antes ser mapuche era solo pertenecer a un pueblo, ahora se ha convertido en toda una ideología. 


-Desde esto que expresas, me gustaría que nos cuentes sobre la reciente formación del Frente de lucha campesino-indígena, porque desde esta concepción un campesino puede llegar a ser "gente de la tierra" aunque no haya nacido en la Araucania.
-Ahora hay muchos mapuches escandalizados por esto del Frente Mapuche-Campesino porque dicen que están fragmentando al pueblo mapuche entre urbanos y campesinos, y otros dicen "la lucha campesina nada tiene que ver con la mapuche", o que abrazar la lucha campesina es restarle identidad a nuestra lucha como pueblo ancestral...
Este frente y lo que planteamos no tiene que ver con este paradigma. Nosotros, el pueblo mapuche, milenario, con toda nuestra identidad cultural, nuestra espiritualidad, con nuestro mapufungun, se reafirma y se asume en esa pertenencia a la tierra y en esa pertenencia cultural. Pero empezamos a ver la necesidad de amalgamarnos con otros pueblos, otros hermanos, con los que no son mapuches, pero que son gente de la tierra, y que también desarrollan una toda filosofía en torno a ella. Entonces distinguimos entre campesino y pequeño productor.



-¿Cual sería la distinción? 
- El pequeño productor produce de la tierra según la demanda del mercado, cultivando intensamente: puede ser soja, fruta fina, tulipanes y no piensa si los fertilizantes o pesticidas le hacen mal.


- Esto sin importar si es una hectárea o son mil...
- No, claro, es la forma de operar y ver la tierra como mercancía utilitaria calculando la rentabilidad es una misma. Ese pequeño productor mañana se puede convertir en un gran productor o un montsanto; hoy no lo puede hacer porque su situación es otra, pero aspira hacia ello. Mientras que el campesino tiene una relación más de autosuficiencia, más armónica, de diálogo, más filosófica... Un campesino no responde a las necesidades del "mercado" para adquirir dinero, sino a la necesidad de su propia subsistencia, y al mismo tiempo su vida se plantea a partir del respeto al lugar donde está. Cría algunos animales, tiene diversificación de cultivos, hace trueque con otros campesinos, con los mapuches. Hacemos esta salvedad porque son diferentes y ahí es que nosotros creemos posible amalgamarse, que es posible luchar y plantear un nuevo pensamiento.

- Mientras hablabas, pensaba en que varias teóricas feministas y mujeres de la espiritualidad femenina, establecen un quiebre histórico en el momento en que el ser humano se empezó a pensar como distinto de la naturaleza, ya no como parte, dejando de ver a la naturaleza como una "madre nutricia" sino como una "amenaza", como fuerzas indomables que se debían someter, y en los últimos siglos, como una fuente de recursos y pura mercancía. Y con esto las ecofeministas establecen un paralelo simbólico entre este proceso con la naturaleza y la dominación de las mujeres por los varones, pensadas como parte de esa naturaleza a someter. Desde acá te pregunto, ¿cómo ves la relación entre varones y mujeres dentro de la comunidad entre mapuches?

- Primero, antes de contarte cómo lo veo hoy, después de 150 años de conquista y de imposición de valores antagónicos, quiero contarte cuál es la esencia del pensamiento mapuche frente a esto. Porque es lo que hoy estamos tratando de fortalecer y afortunadamente estuvo subsistiendo. El pueblo mapuche, ante todo, respeta la naturaleza de cada uno. Dice un machi que "la violencia nunca se va a poder erradicar desde la cultura huinca (blanca-occidental), porque lo primero que hizo fue violentar el ser interior del individuo, imponiéndole un modelo de construcción social". A diferencia de esto lo que hace el pueblo mapuche es respetar la naturaleza de cada uno; nosotros lo llamamos nehuen. Está el que nació con nehuen de machi, que es como un chamán, quien tiene conocimientos de medicina de filosofía; el nehuen de lonko, que es la autoridad política y espiritual en algunos casos; el que nace con la naturaleza de ser toki o comandante; kona, guerrero; o werken, que es el mensajero. Y lo mismo "las" que nacen; las mujeres nacemos con una diversidad de naturalezas que nos permiten ocupar distintos lugares en la lucha de nuestro pueblo. En el pueblo mapuche hubo una gran comandante que peleó a la par de Leftaro, (Lautaro) y si él organizaba sus tropas y luchaba contra el español, al igual lo hacía Wacolda y el pueblo mapuche guardó este nombre. Y, sin embargo, la historia chilena reivindica a Lautaro, aunque parezca contradictorio, pero invisibiliza a Wacolda, ni se la menciona, no hay ningún monumento que la recuerde. Pero nuestro pueblo se ha encargado de guardar su nombre, de recordar que libró y ganó muchas batallas y que defendió con orgullo su tierra. 


-¿De que época es Wacolda?
- Del 1580 más o menos...Y después hemos sufrido la colonización y hoy día pasa un fenómeno muy notorio, donde las mujeres toman la dirección del proceso de organización de la lucha, sobre todo en Chubut, y tienen un importante rol político y social, incluso acompañadas por sus maridos ante los gobernadores de turno, ante las fuerzas de seguridad. Sin embargo, esas mismas mujeres en el interior de sus casas son subyugadas y sometidas por sus maridos, aunque después le da su lugar frente la lucha social. Si ella comanda algo, él se calla la boca y acompaña. En la cotidianidad se ve todo el tiempo esa contradicción. 


- Vos que viviste también en la quebrada de Humahuaca, ¿cómo lo ves comparado con otras culturas indígenas?
- Es muy distinta nuestra realidad a la del norte donde el sometimiento de las mujeres es mayor. Las mapuches son mujeres con mucha autodeterminación. En el norte, aunque he conocido mujeres muy sabias, son muy maltratadas, no pueden tener un alto perfil, y está mal visto que hablemos mucho. Es notoria la diferencia porque yo que soy verborrágica, muy extrovertida, en mi pueblo me manejo con total naturalidad...


-En tu pueblo ya admitieron que sos werken (mensajera)... (risas)
-Sí, puedo hacer chistes y divertirme con mi gente sin problemas... En el norte eso está muy mal visto e incluso mi libertad incomodaba y era mal visto por las mismas mujeres.



- Parece que esa libertad también le molesta a los que titulan tapas de revistas... (risas) Cambiando de tema, ¿qué pasa en Esquel después del 86% de la gente en contra de la explotación minera de la Meridian Gold?
- Bueno, sí se paró la explotación de la mina en la ciudad de Esquel, pero la empresa no se ha ido de la provincia. Se habla del No a la mina en Esquel, pero sí al mapa de prospección minera. Se ha logrado frenar la actividad en la ciudad, pero no en las zonas rurales. Todo sigue igual. Ahora se están armando espacios de coalición entre distintas comunidades mapuches y campesinas que nos estamos oponiendo al avance de la minería. Algunos han participado de la toma de la Dirección de Minas, exigiendo al gobierno que defina su posición frente a la prospección minera en las comunidades rurales. Hay dos localidades que nuclean muchas comunidades que han dado permiso para la prospección minera: una es Tecka y la otra es Gobernador Costa. 


- ¿Siempre con la Meridian Gold?
- Sí porque el gobierno tiene con ellos un acuerdo contractual de millones de dólares que si no cumplen le puede significar un juicio sideral. El tema es que
por más que se haga en un lado u otro, la contaminación de la napas con cianuro y arsénico no conoce límites. La tierra tiene como venas por donde va fluyendo el agua como si fuera sangre y así se expande el impacto de la contaminación. 


- Y hablando del agua también está el problema de las represas que proyectan construir...
- Es terrible y tristísimo. Ayer se aprobó el Plan Energético Nacional que va a impulsar todos los proyectos de represas que había en el país para poder lograr el volumen energético que necesitan, sobre todo las corporaciones gringas, para abaratar los costos de desarrollo en Argentina. Entre esos proyectos está el sistema de "La Elena", que son seis represas sobre la cuenca del Carrenleufú que va a significar la muerte de ese río. Un río que atraviesa zona de masa boscosa, va serpenteando por la cordillera; es una fuente acuífera fundamental. Ahí van a desovar los salmones al Pacífico. 


-Estamos hablando de una región en Chubut que está en plena cordillera...
-Sí, ya del otro lado es Chile y este megaproyecto va a afectar muchísima superficie, en zona de bosque húmedo. Modificaría el clima y podría llegar a haber alerta climático e inundaciones, con semejante estancamiento de seis diques en una zona tan lluviosa. 


-Y Pillán Mahuiza, tu comunidad, ¿a qué distancia está?
-Estamos a sólo 2 kilómetros de uno de los diques proyectados así que para hacer la represa nos tienen que desalojar porque sube más de 300 metros la cota de agua. Nuestra lucha es por evitar las represas y permanecer nosotros en el lugar. 


-Pero la lucha mapuche tiene también una razón ligada a la identidad y a su espiritualidad...
-¡Por supuesto! Nuestra lucha no solo es por "no ser desalojados", sino por la importancia que tiene que continúe esa vida del río, del bosque, esas fuerzas vivas que la naturaleza hace nacer y que tienen su nehuen. Para nuestra cosmovisión, dentro de esa naturaleza hay un nehuen mayor que ordena cada círculo y eso se llama Pillán. "Pillán Mahuiza" tiene su montaña sagrada, que es imponente y rojiza en medio de los verdes del bosque y ella es la que ordena toda la relación armónica y circular del lugar. Por eso nosotros peleamos contra la mina para que no la dinaminataran; no había nada que discutir de si los capitales son privados o estatales, son nacionales o extranjeros, ni si se podía explotar minimizando el "impacto ambiental"... Es No a la Mina porque es asesinar a la montaña, porque moriríamos nosotros y nuestra identidad ligada a esta montaña, a los ríos, al bosque. Allá en Chile, nuestro hermano Alexis Lemún de apenas 17 años murió peleando por su bosque y se llamaba Lemún, "bosque", ese era su nombre: Bosque. Y él salió a defender a su abuelita que la sacaron de las mechas, ella que levantaba ceremonias en ese bosque. Nos oponemos a que sigan talando bosque nativo para implantar bosque artificial de eucaliptos y pinos. Alexis pagó con su vida defender el lugar que heredó de sus ancestros. Y así está pasando con el río. Nosotros no queremos que lo asesinen. Ellos dicen: "bueno, le amputamos un pie, hacemos por acá una represa... y bueno ya que estamos le amputamos una mano y hacemos otro dique por acá..." Nosotros sentimos el dolor que le provoca al río, del que nos sentimos parte, y tiene que ver además, con nuestra existencia futura. Dentro de nuestra visión mapuche, la cultura está ligada a la identidad con la tierra y lo que nos enseñan los mayores es que si desaparece un elemento de la naturaleza, desaparece un elemento de la cultura. 


-¿Y están articulando con gente de otros movimientos sociales?
-Sí, estamos articulando con compañeros de distintas organizaciones ambientales y otras sociales como piqueteros, de derechos humanos, sindicatos, de fábricas recuperadas... con todos tenemos diálogos. Y en ocasiones en que hay que acumular fuerzas para plantarse por un tema obtenemos el apoyo. Queremos más bien despertar la conciencia del individuo descomprometido, del que no se identifica ni con los piqueteros, ni con la gente de las fábricas, ni los docentes, y que tampoco se identifica con los que gobiernan, pero tampoco se decide a hacer nada para cambiar las cosas. Queremos que por lo menos se movilicen para resguardar la vida. Hoy, que tanto se habla de la inseguridad y se ha levantado la seguridad como un emblema, como un objetivo a alcanzar y el antagonismo que encierra la inseguridad para cada uno. Para Blumberg inseguridad es que le asesinen al hijo, pidiéndole dinero, a mano armada que vino de la misma policía y que aunque él no lo diga, inseguridad es policía. Para nosotros inseguridad son los desalojos, son las inundaciones, son la contaminación. Inseguridad son los gobiernos corruptos avanzando con el desarrollismo en función de la especulación acumulativa de las corporaciones. Nosotros tenemos la inseguridad de poder seguir viviendo en nuestro lugar...Tenemos la inseguridad de poder seguir viviendo...


Y aquí nos quedamos, con ganas de seguir el diálogo, pero sabiendo que en cualquier ratito, en una marcha o haciendo compras, nos volveremos a encontrar, para seguir mezclando luchas, complicidades, y sueños. 

jueves, 31 de marzo de 2011

La propaganda de las masivas mamografías rutinarias



En el Estados Unidos post-feminista, temas como las violaciones, la violencia doméstica o los embarazos no deseados parecen ser demasiado sensibles para la mayor parte de la opinión pública. Por el contrario, hablar de cáncer de mama es un gran pastel a repartir.”
 
¿Se ha convertido el feminismo en un culto a las cintas rosas para prevenir el cáncer de mama? Cuando la Cámara de Representantes aprobó la enmienda Stupak [una ley restrictiva del aborto. N.de la R.], que niega el derecho al aborto incluso a mujeres con seguro privado, la respuesta femenina osciló entre el silencio absoluto y una protesta inaudible.

Por el contrario, cuando unas semanas más tarde el Grupo de Trabajo de los Servicios de Prevención de los Estados Unidos recomendó que no se realizasen mamografías regulares hasta que las mujeres alcanzasen los 50 años, se desató el caos. Sheryl Crow, Whoopi Goldberg, y Olivia Newton-John protestaron enérgicamente. Una docena de mujeres organizaron piquetes frente al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Si no nos fijásemos en los detalles, podría parecer que el movimiento por la salud de la mujer de los años ‘70 y ‘80 ha vuelto con fuerzas renovadas.

A nadie parece importarle que la Dra. Susan Love, autora de un libro que el New York Times bautizó como  "la Biblia para las mujeres con cáncer de mama", haga suyas las recomendaciones. Tampoco parece importar que las apoyen organizaciones líderes en cuestiones de salud como la “Breast Cancer Action”, la “National Breast Cancer Coalition” o la “National Women's Health Network - NWHN”. Estas organizaciones llevan años advirtiéndonos: las mujeres de los EEUU nos hacemos demasiadas mamografías. Y ésta práctica ha generado graves peligros que no han conducido a una perceptible disminución de la mortalidad por cáncer de mama en relación con otros países más felices pero con menos mamografías.

Sin embargo, estos argumentos no han servido para evitar que, la semana pasada, la CNN retransmitiese un espectáculo bochornoso. Mientras el director del NWHN y la experta en salud femenina, Cindy Pearson, defendían las recomendaciones propuestas por el Servicio de Prevención de los Estados Unidos, un grupo de mujeres exaltadas, que asistían al debate, nos dijeron que si no les permitían realizarse mamografías rutinarias su vida estaba en juego. Las feministas solían quemar sus sostenes para retar al sistema. Ahora, en una especie de perversión masoquista, alzan sus voces para gritar "¡Estrujad nuestras tetas!".

Cuando la enmienda Stupak fue aprobada, y pasó a formar parte del proyecto de reforma de la salud, ningún congresista se atrevió a explicar cómo el haber podido abortar le había salvado la vida o había preservado el bienestar de su familia. ¿Pero dónde están los vendedores de té cuando los necesitamos? Si hay algún peligro al acecho en relación a "la intervención del gobierno" en el cuidado de la salud, se llama enmienda Stupak. Este es el proyecto que quiere arrebatar a todas las mujeres el derecho a escoger su planificación familiar, excepto a las más ricas.

No digo esto, tan solo, porque considero que el aborto es un problema moral bastante más complejo que las mamografías. Me preocupa, también, la  tendencia a que la cultura del lazo rosa sustituya al feminismo como un foco de identidad y solidaridad femenina. Cuando una empresa quiere mostrarse como "favorable a las mujeres" ¿qué hace? Imprime una cinta rosa cerca de su logo y proclama que una parte minúscula de sus beneficios los destinará a la investigación del cáncer de mama. Incluso he visto una botella de Shiraz, llamada "Esperanza", que incluía una cinta rosa en su etiqueta. Por desgracia no nos ofrecía información sobre cuantas botellas debiéramos beber para lograr el efecto prometido. Cuando Laura Bush viajó a Arabia Saudí en el 2007… ¿Qué grave problema decidió poner en la agenda política de la visita? No nos habló de los derechos de las mujeres (el derecho de conducir o de pasear con un hombre, por ejemplo) sino que optó por sensibilizar sobre el cáncer de mama. En el Estados Unidos post-feminista, temas como las violaciones, la violencia doméstica o los embarazos no deseados parecen ser demasiado sensibles para la mayor parte de la opinión pública. Por el contrario, hablar de cáncer de mama es un gran pastel a repartir.

Así que demos la bienvenida al Movimiento de Mujeres 2.0: en lugar del orgulloso símbolo femenino - un círculo sobre una cruz - tenemos una cinta. En lugar de abarcar todo el espectro de colores humanos - negro, marrón, rojo, amarillo y blanco – hemos escogido el color de una princesa rosa. Antes marchábamos unidas en protesta contra leyes y prácticas sexistas, ahora caminamos para demandar "una cura." Antes apostábamos por generar una plena conciencia de todo aquello que nos “oprimía”, ahora queremos sensibilizar a la opinión pública sobre una cuestión: tenemos derecho a que desnuden nuestros pechos para una mamografía anual.

Escuchadme, el tema que estamos debatiendo nada tiene que ver con los costes de la atención médica. Si alguien me demostrase que manteniendo los actuales niveles de práctica de mamografías estaríamos salvando vidas, daría todo mi apoyo a esta lucha… y no me importaría lo que costase. Pero los números son tozudos: realizar mamografías rutinarias a mujeres menores de 50 años no reduce la mortalidad por cáncer de mama en este grupo. Tampoco las mujeres de más edad necesitan obligatoriamente una mamografía anual. De hecho, todo el dogma acerca de la "detección temprana" está en cuestión. Tal y como nos recuerda Susan Love, tengamos cuidado con la idea que detectar el cáncer cuando los tumores todavía son pequeños salva vidas, hay tipos de cáncer pequeño brutalmente agresivos y algunos tumores enormes que no lo son en absoluto.

Uno de los argumentos más utilizados para oponerse a la reducción de mamografías ha sido que los números no importan, sólo las personas. Si estamos salvando una sola vida… ¿no es acaso suficiente? Así que de acuerdo, permitidme explicar mi experiencia. En el 2000, a la edad de 59 años, me diagnosticaron un cáncer de mama de fase II sobre la base de una mamografía de dudosa fiabilidad, seguida por una de muy mala, para acabar con una biopsia. Quizá debiera estar agradecida de que mi cáncer se detectase a tiempo, pero sinceramente dudo de si las mamografías detectaron el tumor o, junto con todas las anteriores que me había realizado, contribuyeron a generarlo. Una de las causas conocidas que generan cáncer de mama es la radiación, incluso en unas cantidades fácilmente acumulables a través de una mamografía periódica.

¿Y por qué, pensando cómo pienso, me sometí a estas mamografías? Hacía tiempo que había tomado la decisión de no pasar mis años dorados sometida a una vigilancia constante del cáncer, pero yo quería que me renovasen mi receta de Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) y la enfermera se negaba a hacerlo si no mediaba una mamografía previa.

¿Y por qué tomaba una terapia de reemplazo hormonal? Me habían convencido, a través de la propaganda médica vigente, que la TRH ayudaba a prevenir enfermedades del corazón y el Alzheimer. En el 2002, nos enteramos de que la TRH puede generar cáncer de mama (además de ser ineficaz en prevenir las enfermedades cardíacas y el Alzheimer), pero en el 2000 yo no lo sabía. Así que, ¿contraje cáncer de mama debido a la terapia de reemplazo hormonal - y posiblemente a causa de las mamografías - o fue esta terapia la que permitió que me detectasen a tiempo un cáncer que yo habría tenido de todos modos?

No lo sé, pero sí puedo contaros que a la biopsia le siguieron los peores seis meses de mi vida donde me quedé calva y pasé por el largo calvario de la quimioterapia. Debemos entender que éste dolor también está en juego: no tan sólo que algunas mujeres puedan morir debido a que sus cánceres no se detecten, si no también que muchas otras puedan perder meses o años de su vida inmersas en tratamientos debilitantes y posiblemente innecesarios.

No es necesario haber sufrido un "quimiocerebro" (un deterioro cognitivo producido por la quimioterapia) para poder identificar todos los intereses y lucros potenciales que están en juego en este debate. En una reciente columna, la defensora del paciente, Naomi Freundlich, planteaba la posibilidad de que "los intereses creados en materia de selección, cirugía, quimioterapia y otros tratamientos relacionados con el diagnóstico de los cánceres estén torpedeando la evidencia científica que apoya los argumentos en contra de las mamografías rutinarias”. Mis sospechas son especialmente fuertes en relación a los oncólogos. La fuerte crecida de sus ingresos, que se plasmó a finales de los ‘80 al empezar a administrar los fármacos para las quimioterapias, está en juego en este debate. Las mamografías reclutan a mujeres para la quimioterapia igual que los lazos rosas reclutan mujeres para que se realicen mamografías.

Lo que necesitamos es un nuevo movimiento por la salud de la mujer. Uno que sea fuerte y suficientemente escéptico para hacer todas las preguntas difíciles: ¿Cuáles son las causas medio ambientales y de estilo de vida que están produciendo la actual epidemia de cáncer de mama? ¿Por qué los tratamientos existentes, como la quimioterapia, son tan extraordinariamente tóxicos? Y, si el relato histórico de la progresión del cáncer en diversas etapas no puede ya sostenerse en base a evidencias científicas… ¿Cuál es el curso real de esta enfermedad (o enfermedades)?

De lo que estoy segura es de que no necesitamos, por muy rosa y bonito que sea, un movimiento de mujeres que sirva de apoyo al complejo industrial construido alrededor del cáncer.

Barbara Ehrenreich es autora de 17 libros, incluyendo los éxitos de ventas “Nickel y Dimed” y “Bait and Switch”. Colabora habitualmente con “Harper's” y “The Nation” y ha sido columnista del New York Times y Time. Su último libro Bright-Sided: How the Relentless Promotion of Positive Thinking Has Undermined America (Metropolitan Books), acaba de ser publicado.
 
Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni
Fuente: Tomdispatch.com, 2 diciembre 2009

lunes, 28 de marzo de 2011

28 de septiembre: Derecho al aborto. Sigue siendo necesario un paso más

  La amnesia es un mal que con la globalización se ha extendido como plaga. Y es tan grave, que permite aceptar sin resistencias mentiras tales como que el 8 de marzo se conmemora tras el incendio de una fábrica llamada Cotton , o peor aún que lo instituyó la Organización Naciones Unidas. Y no. Nada de lo que tenemos las mujeres en esta macroestructura patriarcal nos fue regalado. Cada logro es producto de una conciencia sostenida, rebelde, osada, dispuesta a no conformarse con lo existente, y a cuestionarlo todo. Y el aprendizaje de la historia nos dice que cuando el poder nos concede algo, es porque ya sabe cómo vaciarlo de contenido, y si no, tiene un aceitado aparato de represión para silenciarlo o ridiculizarlo.

  Después del feminicidio que significó la quema de brujas en la Europa de los siglos XIII, XIV y XV, las grupalidades de mujeres quedaron absolutamente desintegradas y controladas por el dominio patriarcal, so pena de ser acusadas de hechiceras, y por fin relegadas a la individualidad. El registro de nuestra historia y la producción intelectual de mujeres quedó reducida a casos aislados en algunos conventos y autoras solitarias cuyas obras apenas son conocidas, si es que lograron sobrevivir.
 
  Llevó un par de siglos volver a construir la complicidad entre mujeres para salir otra vez al espacio público. A mediados del siglo XIX, en EEUU, Lucrecia Mott una ministra quakera que luchaba contra la esclavitud, se presentó en 1840 como delegada junto con otras mujeres, en la Convención Mundial Antiesclavista en Londres, Inglaterra, pero se les negó, a ella y a sus compañeras el acceso “por ser mujeres”. Estas mujeres que hicieron propia la lucha por la libertad de los esclavos, se encontraron con que ellas mismas no eran libres. 

Desde entonces trabajaron tenazmente por defender sus propios derechos como mujeres: lucharon por acceder a la educación media y superior, dejar de ser muertas civiles dependientes del padre, el marido o los hijos, y por el sufragio. En 1848, desde este núcleo surgió la organización para la primera Convención por los Derechos de las Mujeres en Seneca Falls, Nueva York, de donde nos queda la Declaración de Sentimientos.

  En el resto de América, si embargo los procesos fueron diferentes. En otros países ya existían declaraciones como las emanadas de la Asamblea del año XIII (1813) en las Provincias Unidas del Río de la Plata que dictaba la libertad de vientres por la cual las personas nacidas de esclavos eran libres, se libraba a los indígenas de pagar tributo y se prohibía el tráfico de esclavos afrodescendientes, al menos en las leyes. Respecto a la abolición de la esclavitud, otras naciones tomaron el ejemplo a partir de lo sucedido en el Río de la Plata. Así, en la Asamblea de Chuquisaca, actual Bolivia, celebrada el 6 de agosto de 1825, el Alto Perú se independizó de España y decretó la abolición de la esclavitud. Más al norte, en Venezuela se decreta la abolición de la esclavitud hasta 1854. Brasil, bajo el imperio portugués, es el último país de América en sancionar la libertad de vientres, siendo la Princesa Isabel regente del Brasil quien hasta el 28 de Septiembre de 1888 promulgó la Ley de Libertad de vientres. Sin embargo, aunque existieron mujeres librepensadoras y escritoras, no sería sino hasta fines del siglo que se conformarían las primeras agrupaciones feministas.

Para no olvidar cómo llegamos al 28 de Septiembre,
Día de Lucha por la despenalización del aborto en América Latina

  En 1990, antes de que la lógica de la política de arriba hacia abajo permeara al movimiento feminista con la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Beijín, antes de las "agendas", antes que las artesanas fueran “microemprendedoras” y las lesbianas fueran parte del gran conglomerado de la “diversidad sexual”, y finalmente, antes que las discusiones en torno al aborto se encuadraran dentro de los “derechos reproductivos”, se realizó en San Bernardo el 5º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

  Siguiendo la línea de encuentros iniciados en Bogotá, Colombia en 1981 , en ese 5º encuentro surgió una autoconvocatoria a un “Taller de aborto”. Según cuentan las compañeras que fueron protagonistas, con los contratiempos propios de “autoconvocarse” en medio de un encuentro de 3000 mujeres en una zona costera y turística de una pequeña ciudad bonaerense, a este taller llegaron alrededor de 200 mujeres de todo el continente. De este taller salió la Declaración de San Bernardo, en la que se da un primer paso para articular las luchas por la despenalización del aborto en el continente. A propuesta de las compañeras brasileras, se instituye el 28 de Septiembre como Día por el Derecho al Aborto en América Latina y el Caribe, por ser este el día que la princesa Isabel firmara la libertad de vientres en el último país del continente donde aún era legal el tráfico y la esclavitud de personas. De algún modo, resignificando la “libertad de vientres”.

  Tendríamos mucho que decir aún sobre el tráfico de personas, y en particular el de niñas y mujeres hoy en pleno siglo XXI, donde los mismos Estados que suscribieron Beijin, El Cairo, Belem Do Pará y demás Conferencias y Convenciones Mundiales tendientes, dicen, a mejorar la calidad de vida de las mujeres, pero son los mismos que niegan los feminicidios, la desaparición forzada de mujeres para tráfico sexual y de órganos , la venta de bebés, las violaciones sistemáticas de mujeres por parte del ejército y fuerzas de seguridad, las redes policíacas de padrotes y rufianes, y, por supuesto, que niegan la práctica de abortos de manera clandestina como un problema de salud pública en lo inmediato, y en el fondo como la válvula de escape a una sexualidad limitada por los mandatos, la culpa, la ignorancia, el tabú, el sometimiento, la heterosexualidad obligatoria y la pornografía. Estas atrocidades se niegan incluso en países con presidentas o candidatas a presidentas mujeres, como Chile y Argentina.

 Hablar de aborto es apenas la punta del iceberg de la macrocultura, y acota su debate a una dicotómica disputa de argumentos con la derecha desquiciada nos limita la riqueza y potencialidad que abonaría mucho más en nosotras, las mujeres, si pudiéramos llegar a hablar íntimamente de lo que nos pasa. Hablar por ejemplo de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, a poder cuestionar el coito, la reproductividad y la heterosexualidad obligatoria como únicas sexualidades posibles, o ser capaces de tocar a la sagrada familia nuclear de mamá y papá, pensando otras formas de crianzas posibles, más humanas y menos propietarias, más comunales y menos individualistas.

  Abrirnos el debate nos permitiría dar un paso más allá de la ley, para no quedar sujetas al juego de la democracia electoral, dependiendo de quienes ocupen cargos para hacer efectivos nuestros derechos. Podríamos por ejemplo, rescatar los métodos abortivos con plantas medicinales que desde siempre hemos usado las mujeres en todo el mundo, pero no desde la angustia de “probar” desesperadamente opciones murmuradas en secreto, sino con pleno conocimiento sistematizado de herbolaria, de acupuntura, y aún, sabiendo que hoy contamos con diagnósticos para precisar fechas, evaluar riesgos dando seguimiento a las terapias aplicadas, sin descartar un legrado de ser necesario. Esto no quita, al mismo tiempo, seguir luchando por una salud pública que garantice un aborto en condiciones de asepsia y respetuoso para nosotras.

  Hacer efectivo nuestro derecho, sin culpas y sin pedir permiso, como hacían las mujeres de conocimiento juzgadas “brujas” por el poder inquisidor.

  Al igual que el 25 de Noviembre, acordado como un día de lucha, el origen del 28 de Septiembre, más allá de las agendas que nos imponen desde el poder de los Estados, los organismos internacionales y algunas financiadoras, hemos sido capaces de instituirlo, nosotras, como brujas, desde el círculo.

Pero no alcanza: sigue siendo necesario un paso más.

Miriam Djeordjian
México, DF, 27/9/07