jueves, 31 de marzo de 2011

La propaganda de las masivas mamografías rutinarias



En el Estados Unidos post-feminista, temas como las violaciones, la violencia doméstica o los embarazos no deseados parecen ser demasiado sensibles para la mayor parte de la opinión pública. Por el contrario, hablar de cáncer de mama es un gran pastel a repartir.”
 
¿Se ha convertido el feminismo en un culto a las cintas rosas para prevenir el cáncer de mama? Cuando la Cámara de Representantes aprobó la enmienda Stupak [una ley restrictiva del aborto. N.de la R.], que niega el derecho al aborto incluso a mujeres con seguro privado, la respuesta femenina osciló entre el silencio absoluto y una protesta inaudible.

Por el contrario, cuando unas semanas más tarde el Grupo de Trabajo de los Servicios de Prevención de los Estados Unidos recomendó que no se realizasen mamografías regulares hasta que las mujeres alcanzasen los 50 años, se desató el caos. Sheryl Crow, Whoopi Goldberg, y Olivia Newton-John protestaron enérgicamente. Una docena de mujeres organizaron piquetes frente al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Si no nos fijásemos en los detalles, podría parecer que el movimiento por la salud de la mujer de los años ‘70 y ‘80 ha vuelto con fuerzas renovadas.

A nadie parece importarle que la Dra. Susan Love, autora de un libro que el New York Times bautizó como  "la Biblia para las mujeres con cáncer de mama", haga suyas las recomendaciones. Tampoco parece importar que las apoyen organizaciones líderes en cuestiones de salud como la “Breast Cancer Action”, la “National Breast Cancer Coalition” o la “National Women's Health Network - NWHN”. Estas organizaciones llevan años advirtiéndonos: las mujeres de los EEUU nos hacemos demasiadas mamografías. Y ésta práctica ha generado graves peligros que no han conducido a una perceptible disminución de la mortalidad por cáncer de mama en relación con otros países más felices pero con menos mamografías.

Sin embargo, estos argumentos no han servido para evitar que, la semana pasada, la CNN retransmitiese un espectáculo bochornoso. Mientras el director del NWHN y la experta en salud femenina, Cindy Pearson, defendían las recomendaciones propuestas por el Servicio de Prevención de los Estados Unidos, un grupo de mujeres exaltadas, que asistían al debate, nos dijeron que si no les permitían realizarse mamografías rutinarias su vida estaba en juego. Las feministas solían quemar sus sostenes para retar al sistema. Ahora, en una especie de perversión masoquista, alzan sus voces para gritar "¡Estrujad nuestras tetas!".

Cuando la enmienda Stupak fue aprobada, y pasó a formar parte del proyecto de reforma de la salud, ningún congresista se atrevió a explicar cómo el haber podido abortar le había salvado la vida o había preservado el bienestar de su familia. ¿Pero dónde están los vendedores de té cuando los necesitamos? Si hay algún peligro al acecho en relación a "la intervención del gobierno" en el cuidado de la salud, se llama enmienda Stupak. Este es el proyecto que quiere arrebatar a todas las mujeres el derecho a escoger su planificación familiar, excepto a las más ricas.

No digo esto, tan solo, porque considero que el aborto es un problema moral bastante más complejo que las mamografías. Me preocupa, también, la  tendencia a que la cultura del lazo rosa sustituya al feminismo como un foco de identidad y solidaridad femenina. Cuando una empresa quiere mostrarse como "favorable a las mujeres" ¿qué hace? Imprime una cinta rosa cerca de su logo y proclama que una parte minúscula de sus beneficios los destinará a la investigación del cáncer de mama. Incluso he visto una botella de Shiraz, llamada "Esperanza", que incluía una cinta rosa en su etiqueta. Por desgracia no nos ofrecía información sobre cuantas botellas debiéramos beber para lograr el efecto prometido. Cuando Laura Bush viajó a Arabia Saudí en el 2007… ¿Qué grave problema decidió poner en la agenda política de la visita? No nos habló de los derechos de las mujeres (el derecho de conducir o de pasear con un hombre, por ejemplo) sino que optó por sensibilizar sobre el cáncer de mama. En el Estados Unidos post-feminista, temas como las violaciones, la violencia doméstica o los embarazos no deseados parecen ser demasiado sensibles para la mayor parte de la opinión pública. Por el contrario, hablar de cáncer de mama es un gran pastel a repartir.

Así que demos la bienvenida al Movimiento de Mujeres 2.0: en lugar del orgulloso símbolo femenino - un círculo sobre una cruz - tenemos una cinta. En lugar de abarcar todo el espectro de colores humanos - negro, marrón, rojo, amarillo y blanco – hemos escogido el color de una princesa rosa. Antes marchábamos unidas en protesta contra leyes y prácticas sexistas, ahora caminamos para demandar "una cura." Antes apostábamos por generar una plena conciencia de todo aquello que nos “oprimía”, ahora queremos sensibilizar a la opinión pública sobre una cuestión: tenemos derecho a que desnuden nuestros pechos para una mamografía anual.

Escuchadme, el tema que estamos debatiendo nada tiene que ver con los costes de la atención médica. Si alguien me demostrase que manteniendo los actuales niveles de práctica de mamografías estaríamos salvando vidas, daría todo mi apoyo a esta lucha… y no me importaría lo que costase. Pero los números son tozudos: realizar mamografías rutinarias a mujeres menores de 50 años no reduce la mortalidad por cáncer de mama en este grupo. Tampoco las mujeres de más edad necesitan obligatoriamente una mamografía anual. De hecho, todo el dogma acerca de la "detección temprana" está en cuestión. Tal y como nos recuerda Susan Love, tengamos cuidado con la idea que detectar el cáncer cuando los tumores todavía son pequeños salva vidas, hay tipos de cáncer pequeño brutalmente agresivos y algunos tumores enormes que no lo son en absoluto.

Uno de los argumentos más utilizados para oponerse a la reducción de mamografías ha sido que los números no importan, sólo las personas. Si estamos salvando una sola vida… ¿no es acaso suficiente? Así que de acuerdo, permitidme explicar mi experiencia. En el 2000, a la edad de 59 años, me diagnosticaron un cáncer de mama de fase II sobre la base de una mamografía de dudosa fiabilidad, seguida por una de muy mala, para acabar con una biopsia. Quizá debiera estar agradecida de que mi cáncer se detectase a tiempo, pero sinceramente dudo de si las mamografías detectaron el tumor o, junto con todas las anteriores que me había realizado, contribuyeron a generarlo. Una de las causas conocidas que generan cáncer de mama es la radiación, incluso en unas cantidades fácilmente acumulables a través de una mamografía periódica.

¿Y por qué, pensando cómo pienso, me sometí a estas mamografías? Hacía tiempo que había tomado la decisión de no pasar mis años dorados sometida a una vigilancia constante del cáncer, pero yo quería que me renovasen mi receta de Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) y la enfermera se negaba a hacerlo si no mediaba una mamografía previa.

¿Y por qué tomaba una terapia de reemplazo hormonal? Me habían convencido, a través de la propaganda médica vigente, que la TRH ayudaba a prevenir enfermedades del corazón y el Alzheimer. En el 2002, nos enteramos de que la TRH puede generar cáncer de mama (además de ser ineficaz en prevenir las enfermedades cardíacas y el Alzheimer), pero en el 2000 yo no lo sabía. Así que, ¿contraje cáncer de mama debido a la terapia de reemplazo hormonal - y posiblemente a causa de las mamografías - o fue esta terapia la que permitió que me detectasen a tiempo un cáncer que yo habría tenido de todos modos?

No lo sé, pero sí puedo contaros que a la biopsia le siguieron los peores seis meses de mi vida donde me quedé calva y pasé por el largo calvario de la quimioterapia. Debemos entender que éste dolor también está en juego: no tan sólo que algunas mujeres puedan morir debido a que sus cánceres no se detecten, si no también que muchas otras puedan perder meses o años de su vida inmersas en tratamientos debilitantes y posiblemente innecesarios.

No es necesario haber sufrido un "quimiocerebro" (un deterioro cognitivo producido por la quimioterapia) para poder identificar todos los intereses y lucros potenciales que están en juego en este debate. En una reciente columna, la defensora del paciente, Naomi Freundlich, planteaba la posibilidad de que "los intereses creados en materia de selección, cirugía, quimioterapia y otros tratamientos relacionados con el diagnóstico de los cánceres estén torpedeando la evidencia científica que apoya los argumentos en contra de las mamografías rutinarias”. Mis sospechas son especialmente fuertes en relación a los oncólogos. La fuerte crecida de sus ingresos, que se plasmó a finales de los ‘80 al empezar a administrar los fármacos para las quimioterapias, está en juego en este debate. Las mamografías reclutan a mujeres para la quimioterapia igual que los lazos rosas reclutan mujeres para que se realicen mamografías.

Lo que necesitamos es un nuevo movimiento por la salud de la mujer. Uno que sea fuerte y suficientemente escéptico para hacer todas las preguntas difíciles: ¿Cuáles son las causas medio ambientales y de estilo de vida que están produciendo la actual epidemia de cáncer de mama? ¿Por qué los tratamientos existentes, como la quimioterapia, son tan extraordinariamente tóxicos? Y, si el relato histórico de la progresión del cáncer en diversas etapas no puede ya sostenerse en base a evidencias científicas… ¿Cuál es el curso real de esta enfermedad (o enfermedades)?

De lo que estoy segura es de que no necesitamos, por muy rosa y bonito que sea, un movimiento de mujeres que sirva de apoyo al complejo industrial construido alrededor del cáncer.

Barbara Ehrenreich es autora de 17 libros, incluyendo los éxitos de ventas “Nickel y Dimed” y “Bait and Switch”. Colabora habitualmente con “Harper's” y “The Nation” y ha sido columnista del New York Times y Time. Su último libro Bright-Sided: How the Relentless Promotion of Positive Thinking Has Undermined America (Metropolitan Books), acaba de ser publicado.
 
Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni
Fuente: Tomdispatch.com, 2 diciembre 2009

lunes, 28 de marzo de 2011

28 de septiembre: Derecho al aborto. Sigue siendo necesario un paso más

  La amnesia es un mal que con la globalización se ha extendido como plaga. Y es tan grave, que permite aceptar sin resistencias mentiras tales como que el 8 de marzo se conmemora tras el incendio de una fábrica llamada Cotton , o peor aún que lo instituyó la Organización Naciones Unidas. Y no. Nada de lo que tenemos las mujeres en esta macroestructura patriarcal nos fue regalado. Cada logro es producto de una conciencia sostenida, rebelde, osada, dispuesta a no conformarse con lo existente, y a cuestionarlo todo. Y el aprendizaje de la historia nos dice que cuando el poder nos concede algo, es porque ya sabe cómo vaciarlo de contenido, y si no, tiene un aceitado aparato de represión para silenciarlo o ridiculizarlo.

  Después del feminicidio que significó la quema de brujas en la Europa de los siglos XIII, XIV y XV, las grupalidades de mujeres quedaron absolutamente desintegradas y controladas por el dominio patriarcal, so pena de ser acusadas de hechiceras, y por fin relegadas a la individualidad. El registro de nuestra historia y la producción intelectual de mujeres quedó reducida a casos aislados en algunos conventos y autoras solitarias cuyas obras apenas son conocidas, si es que lograron sobrevivir.
 
  Llevó un par de siglos volver a construir la complicidad entre mujeres para salir otra vez al espacio público. A mediados del siglo XIX, en EEUU, Lucrecia Mott una ministra quakera que luchaba contra la esclavitud, se presentó en 1840 como delegada junto con otras mujeres, en la Convención Mundial Antiesclavista en Londres, Inglaterra, pero se les negó, a ella y a sus compañeras el acceso “por ser mujeres”. Estas mujeres que hicieron propia la lucha por la libertad de los esclavos, se encontraron con que ellas mismas no eran libres. 

Desde entonces trabajaron tenazmente por defender sus propios derechos como mujeres: lucharon por acceder a la educación media y superior, dejar de ser muertas civiles dependientes del padre, el marido o los hijos, y por el sufragio. En 1848, desde este núcleo surgió la organización para la primera Convención por los Derechos de las Mujeres en Seneca Falls, Nueva York, de donde nos queda la Declaración de Sentimientos.

  En el resto de América, si embargo los procesos fueron diferentes. En otros países ya existían declaraciones como las emanadas de la Asamblea del año XIII (1813) en las Provincias Unidas del Río de la Plata que dictaba la libertad de vientres por la cual las personas nacidas de esclavos eran libres, se libraba a los indígenas de pagar tributo y se prohibía el tráfico de esclavos afrodescendientes, al menos en las leyes. Respecto a la abolición de la esclavitud, otras naciones tomaron el ejemplo a partir de lo sucedido en el Río de la Plata. Así, en la Asamblea de Chuquisaca, actual Bolivia, celebrada el 6 de agosto de 1825, el Alto Perú se independizó de España y decretó la abolición de la esclavitud. Más al norte, en Venezuela se decreta la abolición de la esclavitud hasta 1854. Brasil, bajo el imperio portugués, es el último país de América en sancionar la libertad de vientres, siendo la Princesa Isabel regente del Brasil quien hasta el 28 de Septiembre de 1888 promulgó la Ley de Libertad de vientres. Sin embargo, aunque existieron mujeres librepensadoras y escritoras, no sería sino hasta fines del siglo que se conformarían las primeras agrupaciones feministas.

Para no olvidar cómo llegamos al 28 de Septiembre,
Día de Lucha por la despenalización del aborto en América Latina

  En 1990, antes de que la lógica de la política de arriba hacia abajo permeara al movimiento feminista con la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Beijín, antes de las "agendas", antes que las artesanas fueran “microemprendedoras” y las lesbianas fueran parte del gran conglomerado de la “diversidad sexual”, y finalmente, antes que las discusiones en torno al aborto se encuadraran dentro de los “derechos reproductivos”, se realizó en San Bernardo el 5º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

  Siguiendo la línea de encuentros iniciados en Bogotá, Colombia en 1981 , en ese 5º encuentro surgió una autoconvocatoria a un “Taller de aborto”. Según cuentan las compañeras que fueron protagonistas, con los contratiempos propios de “autoconvocarse” en medio de un encuentro de 3000 mujeres en una zona costera y turística de una pequeña ciudad bonaerense, a este taller llegaron alrededor de 200 mujeres de todo el continente. De este taller salió la Declaración de San Bernardo, en la que se da un primer paso para articular las luchas por la despenalización del aborto en el continente. A propuesta de las compañeras brasileras, se instituye el 28 de Septiembre como Día por el Derecho al Aborto en América Latina y el Caribe, por ser este el día que la princesa Isabel firmara la libertad de vientres en el último país del continente donde aún era legal el tráfico y la esclavitud de personas. De algún modo, resignificando la “libertad de vientres”.

  Tendríamos mucho que decir aún sobre el tráfico de personas, y en particular el de niñas y mujeres hoy en pleno siglo XXI, donde los mismos Estados que suscribieron Beijin, El Cairo, Belem Do Pará y demás Conferencias y Convenciones Mundiales tendientes, dicen, a mejorar la calidad de vida de las mujeres, pero son los mismos que niegan los feminicidios, la desaparición forzada de mujeres para tráfico sexual y de órganos , la venta de bebés, las violaciones sistemáticas de mujeres por parte del ejército y fuerzas de seguridad, las redes policíacas de padrotes y rufianes, y, por supuesto, que niegan la práctica de abortos de manera clandestina como un problema de salud pública en lo inmediato, y en el fondo como la válvula de escape a una sexualidad limitada por los mandatos, la culpa, la ignorancia, el tabú, el sometimiento, la heterosexualidad obligatoria y la pornografía. Estas atrocidades se niegan incluso en países con presidentas o candidatas a presidentas mujeres, como Chile y Argentina.

 Hablar de aborto es apenas la punta del iceberg de la macrocultura, y acota su debate a una dicotómica disputa de argumentos con la derecha desquiciada nos limita la riqueza y potencialidad que abonaría mucho más en nosotras, las mujeres, si pudiéramos llegar a hablar íntimamente de lo que nos pasa. Hablar por ejemplo de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, a poder cuestionar el coito, la reproductividad y la heterosexualidad obligatoria como únicas sexualidades posibles, o ser capaces de tocar a la sagrada familia nuclear de mamá y papá, pensando otras formas de crianzas posibles, más humanas y menos propietarias, más comunales y menos individualistas.

  Abrirnos el debate nos permitiría dar un paso más allá de la ley, para no quedar sujetas al juego de la democracia electoral, dependiendo de quienes ocupen cargos para hacer efectivos nuestros derechos. Podríamos por ejemplo, rescatar los métodos abortivos con plantas medicinales que desde siempre hemos usado las mujeres en todo el mundo, pero no desde la angustia de “probar” desesperadamente opciones murmuradas en secreto, sino con pleno conocimiento sistematizado de herbolaria, de acupuntura, y aún, sabiendo que hoy contamos con diagnósticos para precisar fechas, evaluar riesgos dando seguimiento a las terapias aplicadas, sin descartar un legrado de ser necesario. Esto no quita, al mismo tiempo, seguir luchando por una salud pública que garantice un aborto en condiciones de asepsia y respetuoso para nosotras.

  Hacer efectivo nuestro derecho, sin culpas y sin pedir permiso, como hacían las mujeres de conocimiento juzgadas “brujas” por el poder inquisidor.

  Al igual que el 25 de Noviembre, acordado como un día de lucha, el origen del 28 de Septiembre, más allá de las agendas que nos imponen desde el poder de los Estados, los organismos internacionales y algunas financiadoras, hemos sido capaces de instituirlo, nosotras, como brujas, desde el círculo.

Pero no alcanza: sigue siendo necesario un paso más.

Miriam Djeordjian
México, DF, 27/9/07